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PITIGLIANO

Pitigliano es una localidad pequeña y  fascinante encaramada en lo alto de un promontorio de toba volcánica, bajo el que discurren los ríos Lente y Meleta. El promontorio está rodeado de valles poblados por una vegetación agreste, de un verde intenso, propia del interior del territorio de Maremma.
La localidad está a 313 metros sobre el nivel del mar y se encuentra en el sur de Toscana, en la parte occidental de la provincia de Grosseto, junto al linde con la región de Lacio, a 50 Km. de la costa de Maremma. 

Desde la prehistoria, los ríos adyacentes han erosionado los altísimos precipicios, originando gran número de cavidades profundas. En la cima del promontorio orgánico se encuentra la planicie sobre la que se alza la ciudad, por lo que da la sensación de que sus empinadas construcciones medievales brotan de los precipicios. Los cañones que rodean Pitigliano por el norte, el sur y el oeste crearon de por sí una auténtica ciudadela. Para completar esa fortaleza nacida de la naturaleza, se construyó una muralla en la zona este de la ciudad.

No cabe la menor duda acerca de la prolongada e importante presencia de los etruscos en Pitigliano. Las abundantes grutas, los senderos abrigados en la toba volcánica y los nichos ahí excavados demuestran que la localidad fue un centro importante para los etruscos. Asimismo, los alrededores de Pitigliano cuentan con numerosas excavaciones arqueológicas, que van desde dichos senderos hasta restos de varios asentamientos y necrópolis. Posteriormente, los romanos reemplazaron a los etruscos. Las huellas más importantes que esta última civilización dejó en Pitigliano son la gran cantidad de nichos construidos bajo las casas, para colocar en su interior las correspondientes urnas funerarias. Desde hace muchos siglos, esos nichos se han venido utilizando como cantinas.

No obstante los primeros datos escritos sobre la ciudad sean del 1061, se sabe que la poderosa familia longobarda de los Aldobrandeschi ejerció el poder en Pitigliano y en todo el territorio de Maremma desde el siglo IX hasta finales del XIII. En esa época, la ciudad pasó a manos de la familia Orsini, una de las dinastías más antiguas de Roma.  A partir de entonces, las guerras contra la República de Siena no dejaron de sucederse durante más de siglo y medio. En 1455, Siena tuvo que admitir  por fin que la ciudadela era un condado, pero, pese a ello, hubo que alcanzar un compromiso y Siena quedó encargada de su administración hasta 1569, cuando Pitigliano hubo de integrarse en el Gran Ducado de Toscana, gobernado por entonces por Cosimo I de Medici. Tras la extinción de la dinastía de los Medici, el gobierno del Gran Ducado de Toscana recayó en la dinastía de Habsburgo Lorena. Pitigliano entró entonces en una época de progreso que se vio intensificada a partir de la adhesión de Toscana a la unificación Italia, en 1859.

Pero la parte más interesante de la historia de Pitagliano está relacionada con la afluencia de una numerosa comunidad hebrea que tuvo sus comienzos en el siglo XVI, a causa de la persecución de los hebreos en Roma y otras áreas territoriales  de Italia, debida, fundamentalmente, a la intolerancia religiosa establecida por la Contrarreforma.
La comunidad hebrea consiguió alcanzar la cifra del 10% de la población de Pitigliano. Por consiguiente,  la ciudad era conocida como la “Pequeña Jerusalén”. Las relaciones entre los gentiles y la minoría hebrea fueron óptimas y muy ventajosas para ambas partes. Los hebreos aportaron a la zona una serie de adelantos culturales y sociales como la Universidad Hebrea de Pitigliano, así como otras contribuciones de índole económica que redundaron en el desarrollo de la ciudad.
A consecuencia de las masacres y deportaciones padecidas por los hebreos durante la segunda guerra mundial, al día de hoy dicha comunidad se reduce a poquísimos miembros, pese a que, cuando Italia estaba ocupada por el Ejercito Alemán, las gentes de Pitigliano y de los pueblos cercanos arriesgaran la vida para esconder a muchos de ellos y ayudarles - o, cuanto menos, intentarlo - a escapar del horror nazi.

Pitigliano conserva escrupulosamente los lugares hebreos que se fundaron en la localidad. Muchos de ellos se han reconstruido, con el fin de devolverles el aspecto sereno que mantuvieron durante siglos: la Sinagoga, el horno kosher (conocido como el “Forno di Asimo”) y el Cementerio Judío.

Además de su ambiente maravilloso, de las zigzagueantes callejuelas medievales, de las singulares casas y monumentos encaramados en el promontorio de toba volcánica, Pitigliano es famosa también por su deliciosa gastronomía y por el “Bianco di Pitigliano”, uno de los vinos blancos de mayor prestigio del territorio de Maremma.  

Lo que no se puede dejar de visitar en Pitigliano:

- El Castillo de los Orsini. El castillo está situado a la entrada de la antigua ciudadela. Junto al mismo se encuentra un soberbio acueducto medieval.
- El Museo Arqueológico. El museo está albergado en el interior del Castillo de los Orsini y reúne una importante colección de hallazgos etruscos.
- Via Cave. Toda el área de Pitigliano está rodeada de senderos construidos por los etruscos al abrigo de la enorme roca volcánica, con muros que superan los 10 metros de altura. Los senderos, utilizados durante siglos como vías de comunicación, inician en las afueras de la ciudad y llegan hasta los valles situados al pie del promontorio. El más impresionante de ellos es  probablemente el llamado Via Cava de San Giuseppe, que va desde Pitigliano hasta Sovana.
- El Barrio Judío. El barrio se encuentra en la antigua ciudadela, pasando el túnel  de Via Zuccarelli. El antiguo barrio judío alberga la espléndida Sinagoga; un museo de cultura hebrea; una antigua panadería; una carnicería kosher y diferentes talleres característicos.
- El Duomo. La Catedral, dedicada a San Pablo y a San Pedro, se encuentra en la Piazza San Gregorio. Su construccion data de principios del siglo XV y todavía conserva el enorme campanario original románico, mientras que la fachada fue reconstruida en estilo barroco. El interior, además de conservar una serie de obras de arte, cuenta con dos retablos magníficos, obra del insigne pintor del periodo rococó Francesco Zuccarelli (Pitigliano, 1702 – Florencia, 1788).

- Dónde comer:

- Osteria “Il Tufo Allegro” (Vicolo della Costituzione, 2). Se trata de un restaurante bellísimo construido en la roca de toba volcánica. El ambiente de la planta de abajo es absolutamente de fábula. El restaurante goza de mención en las guías “Michelin” y “Gambero Rosso”, respectivamente. La cocina, soberbia y refinada, está basada en las recetas más selectas de Maremma. La bodega es excelente.
Un almuerzo completo, con vino de la casa incluido, ronda unos 40/50 euros por persona. 

 


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