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LIVORNO

Livorno es la capital de la provincia del mismo nombre. La próspera ciudad marítima, caracterizada hoy en día por su importante volumen de actividades comerciales e industriales, es, por su tamaño, la segunda ciudad de Toscana. Livorno está situada en la costa del mar Tirreno, en el extremo oeste de la región de Toscana, a 20 Km. al sureste de Pisa, a la que está conectada mediante un canal navegable, del siglo XVI, conocido como “Canale dei Navicelli.”
En los tiempos en los que la región  de Toscana conformaba el Gran Ducado de Toscana, Livorno era el puerto de mar más importante del territorio. Actualmente, es el tercer puerto de Italia, después de Génova y Nápoles.  
Fue a partir del siglo XVI, cuando la antigua ciudad de pequeñas dimensiones empezó a convertirse en una hermosa y gran ciudad. Livorno, con su trazado urbano en forma de pentágono y su cerco de murallas, se construyó en un terreno pantanoso. Por lo tanto, como hubo que  intercomunicar los barrios a través de canales, se la conoció en toda Italia como la “pequeña Venecia”. En la actualidad, esos canales, llamados “Fossi Medicei”, que siguen siendo navegables y que llegan hasta el centro histórico de la ciudad, así como el fabuloso puerto de la misma época, dominado por inmensas murallas, entre las que destacan las torres y las fortalezas, son los que manifiestan la identidad y la fascinante historia de la ciudad.

Livorno se llamaba en la antigüedad Portus Liburni y, hasta el siglo XVI, no era otra cosa más que una ciudad insignificante, que estaba considerada, fundamentalmente, como el puerto de Pisa, quien la mantuvo bajo su dominio desde el siglo X hasta 1405, cuando pasó a poder de Génova. En 1421, la República de Florencia adquirió la ciudad por 100.000 florines de oro, convirtiéndose en el puerto comercial más importante de la jurisdicción florentina, con la consiguiente desventaja para la cercana Pisa, cuyas actividades comerciales fueron en declive.
Por ello, la pequeña ciudad se convirtió en la niña de los ojos de Florencia, quien la expandió considerablemente, incrementando, asimismo, el desarrollo social y cultural de su nueva y valiosa ciudad. 
Alessandro de Medici, Duque de Florencia, empezó a renovar la ciudad y encargó al gran arquitecto florentino Antonio di Sangallo “Il Vecchio” (1455-1534) el diseño de la llamada “Fortezza Vecchia” (Vieja Fortaleza) con el fin de reforzar la más antigua y pequeña, construida en tiempos de la dominación de Pisa.
Alrededor de la impresionante “Fortezza Vecchia”, de planta pentagonal, con tres baluartes imponentes, conocidos, respectivamente, como “Capitana”, “Ampolleta” y “Canaviglia”, se construyó un foso grande y profundo, mientras que en su interior se conservó la antigua fortaleza pisana, de planta cuadrangular, así como la soberbia y altísima “Torre del Marzocco” (de más de 53 metros de altura), compuesta por siete plantas, diseñada por el genial arquitecto y escultor Florentino Lorenzo Ghiberti (1378-1455) en 1423, de acuerdo con el encargo que le hiciera la entonces República de Florencia.  La torre tuvo que ser parcialmente reconstruida en 1737, a causa de los daños provocados por la caída de un rayo.
En la segunda mitad del siglo XVI, Cosimo I de Medici, Primer Gran Duque de Toscana, encargó al célebre arquitecto, ingeniero militar y artista florentino Bernardo Buontalenti (1531-1608) el proyecto para la construcción de una ciudad marítima moderna, próspera y segura: Livorno, el puerto comercial y militar perfecto para Toscana, el paradigma de ciudad que el Gran Duque había anhelado durante mucho tiempo. 
A continuación, se realizaron las primeras obras en el puerto, protegiéndolo mediante un circuito de rocas y agrandándolo considerablemente, de manera que tuviera una capacidad suficiente para amarrar unos 140 barcos.
Francesco I de Medici, hijo de Cosimo I, siguió los deseos de su padre y se encargó de construir la “Nuova Fortezza” (Fortaleza Nueva), de planta cuadrangular, con el fin de proteger a la ciudad de ataques enemigos y de incursiones piratas. Bernardo Buontalenti realizó el diseño y dirigió las obras en colaboración con Don Giovanni de Medici, hermano de Francesco I y experto arquitecto. Los “Fossi Medicei”  (los canales construidos por los Medici) rodearon a la “Fortaleza Nueva”. Desde la misma se dominan los bellísimos barrios de San Marco y de Venezia Nuova, que está compuesto por veintitrés islotes intercomunicados por canales, así como por puentes encantadores. Hoy en día, el interior de la fortaleza es un parque precioso.  
En el barrio de “Venezia Nuova” se encuentra la espléndida Chiesa di Santa Caterina, del siglo XVI. Se trata de una iglesia perteneciente a la orden dominicana, que se construyó sobre un peculiar plano octogonal. La iglesia esta coronada por una cúpula fantástica, de 63 metros de altura. El interior alberga un ábside extraordinario, afrescado por el famoso artista toscano Giorgio Vasari (1511-1574) con representaciones de “La Coronación de la Santísima Virgen”.
Por otra parte, en la magnífica Piazza Grande se llevó a cabo la construcción del Duomo (la Catedral). Ferdinando I de Medici, Gran Duque de Toscana, entre 1587 y 1609, encargó el proyecto al prestigioso arquitecto florentino Alessandro Pieroni (1550 c.- 1607) y la dirección de las obras estuvo a cargo de Antonio Cantagallina, notable arquitecto y pintor toscano. Las obras se concluyeron en 1606 y la Catedral se dedicó a San Francisco de Asís.
Lamentablemente, la Catedral quedó destruida en 1943, a causa de los brutales bombardeos que padeció Livorno durante la Segunda Guerra Mundial. En 1952, se procedió a reconstruirla con la máxima fidelidad. La Catedral conserva distintas obras de arte, entre las que cabría destacar una serie de pinturas hermosísimas del período manierista, tales como: “San Francisco de Asís” de Jacopo Chimenti da Empoli (1554-1640); “El Triunfo de Santa Julia” de Jacopo Ligozzi (1547-1627) y “La Asunción de la Santísima Virgen” de Domenico Cresti “Il Passignano” (1560-1638).
Por voluntad de Fernando I de Medici se construyeron gran parte de los monumentos y lugares más notables de Livorno, como la el área residencial de la zona este donde se encuentra la Piazza Grande; la Via Grande, conocida también como Via Ferdinanda; la Chiesa di Santa Giulia (en Via Santa Giulia), que es una espléndida iglesia manierista dedicada a la patrona de la ciudad. La iglesia alberga una serie de valiosas obras de arte, entre las que destaca el impresionante retablo, representando a Santa Julia, procedente de la escuela de Giotto. Asimismo en la iglesia se encuentran nueve tumbas en las que están enterrados sendos Caballeros de la Orden Militar de San Esteban, además de distintas reliquias de Santa Julia, que la esposa del Gran Duque donó a la iglesia.

El Gran Duque se encargó también de agrandar el área del puerto, la cual alcanzó tales dimensiones como para poder amarrar más de 300 barcos, así como de hacer construir nuevas murallas para la ciudad.
Además, Ferdinando I de Medici consideró la necesidad de incrementar la población de Livorno, de tal manera que, en 1603, se promulgaron las “Leggi Livornesi” (Constitución de Livorno). Esa constitución, de marcado carácter progresista, incentivaba a los marineros, artesanos, mercaderes y todo tipo de trabajadores, de cualquier parte del mundo, que quisieran establecerse en Livorno con sus familias, para trabajar ahí. La constitución les ofrecía la ciudadanía toscana, libertad religiosa, indulto por los delitos cometidos con anterioridad, además de la institución de nuevos tribunales reglamentados por leyes civiles y penales locales. Así fue como gentes procedentes de toda Italia, Grecia, Armenia, Persia, judíos y musulmanes, que salieron de España y Portugal a causa de las persecuciones religiosas, además de católicos ingleses, holandeses, alemanes, franceses y demás gentes de distintas nacionalidades y credos, encontraron en Livorno una nueva patria, verdadera y sólida.
En 1691, Livorno fue declarada puerto franco mediante la suscripción de un tratado internacional, quedando sus mercancías, por lo tanto, libres de impuestos.
En honor del Gran Duque se levantó en la ciudad el impresionante monumento de “I Quattro Mori” (“Los Cuatro Moriscos”), situado en la Piazza del Padiglione, que representa a Ferdinando I de Medici rodeado de cuatro cautivos encadenados. La soberbia estatua del Gran Duque, en mármol blanco de Carrara, vestido con el uniforme de la Orden de los Caballeros de San Esteban, había sido creada, en 1595, por el prestigioso escultor florentino Giovanni Bandini (1540-1599), mientras que las cuatro esculturas de bronce de los cuatro cautivos fueron obra del famoso escultor barroco toscano Pietro Tacca (1577-1640). Los cuatro cautivos se fueron añadiendo al gran pedestal en el que se encontraba la estatua del Gran Duque: en 1623, los dos primeros, y, en 1626, los otros dos. El grandioso monumento se inauguró ante Ferdinando II de Medici, quien sucedió a su tío en el trono de Toscana.  

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